¿Te has preguntado alguna vez para qué sirve la meditación? ¿Y cómo se medita?
Hay varias formas o técnicas que puedes elegir para meditar. También hay muchas razones por las que deberías meditar.
Basta con hacer una simple búsqueda en Internet y encontrarás un montón de opciones. Estoy convencido de que lo más importante, por encima de todo, es que reflexiones sobre ti mismo.
Presta atención a cómo respiras.
Tomar conciencia de tu respiración ya es una meditación.
¿Qué has sentido? ¿Notaste algo diferente? ¿Te ha llamado algo la atención? ¿Algo difícil o fácil?
La respiración requiere tres momentos.
Inhalar es el primero. Luego viene una parada. Hay una parada. Puede ser corta, puede ser larga, pero hay una. ¿Te has dado cuenta? Luego el tercer momento – la exhalación.
Es un ritmo.
Una de las razones por las que aprendemos y meditamos en Cafh es ésta: para tomar conciencia de nosotros mismos, de lo que pensamos, de lo que sentimos. No siempre nos damos cuenta de cómo pensamos y por qué pensamos lo que pensamos.
Meditamos para descubrirnos a nosotros mismos. También para tomar acciones y decisiones de forma consciente y responsable.
Para ello, utilizamos distintas técnicas. De la que vamos a hablar aquí es poderosa y muy sencilla.
La llamamos meditación discursiva. Vamos allá.
Al igual que el proceso de respiración, la meditación discursiva se desarrolla en tres etapas: invocación – silencio/espera – respuesta.
Elige una silla que sea cómoda pero firme y que no te facilite quedarte dormido.
Siéntate con los pies bien juntos en el suelo, las rodillas alineadas. Mantén la espalda recta, intenta no apoyarte en el respaldo de la silla. Junta las manos a la altura del pecho o apóyalas en las caderas. Acomódate.
Siente tu cuerpo firme y tu mente despierta.
Comienza expresando mental o vocalmente los siguientes pasos:
Invocación (primer momento)
Si practicas alguna religión o sientes devoción por algún santo, ser superior, ser divino o Dios, eleva tus pensamientos hacia ese ser.
Si no, piensa en la naturaleza, en el cosmos, o mírate a ti mismo, a tu yo más profundo, conecta con el ritmo de tu corazón.
Invoca a ese ser. Llámalo.
Háblale, cuéntale sobre qué quieres meditar, qué tema, qué buscas, qué te distrae, te preocupa, o sobre algo que te produce alegría, un buen momento de felicidad.
¿Es un deseo, un «sueño»? ¿Una dificultad, una alegría? Háblanos de ello. Cuéntalo.
No hay necesidad de ocultar nada. Recuerda que nadie te escucha, sólo tú y tu luz, tu guía.
Habla, deja salir tus ideas, tus pensamientos. Haz preguntas, pide ayuda. Habla libremente, lo que venga. Déjate llevar.
Silencio/Espera (segundo momento)
Este es el momento de observar tu mente.
Inténtalo. Mira que he dicho que intentes no dar todavía una respuesta al tema que has planteado en el paso anterior. Observa tu mente, intenta mantenerla fija en un «punto neutro».
Observa, cuando te des cuenta de que aparece un pensamiento, otra idea, suéltala, no luches contra ella, suéltala e intenta fijarla de nuevo en ese punto neutro. Permanece en ese movimiento.
Normalmente, cuando pensamos en esperar, pensamos en esperar algo, a alguien, o incluso en esperar una respuesta. En nuestro caso, este momento de espera en la meditación consiste en crear un espacio de silencio interior, es como un estado de suspensión, de expectación sin un objeto que esperar. Es sólo espera. Sólo silencio.
Esto nos lleva al tercer momento.
Respuesta (tercer momento)
Ahora es el momento, deja que surja la respuesta a tu tema. Deja que surja lo que surge de este estado más profundo. No juzgues ni analices la respuesta, simplemente deja que surja.
Puede ser una respuesta completa que tenga sentido para ti, o puede ser una frase
que al principio no te diga nada. Podría ser sólo una palabra, una imagen, una idea.
De nuevo, no reflexiones, no pienses, sólo déjate llevar. Absorbe la respuesta.
Para finalizar el ejercicio de meditación, pronuncia la palabra Paz.
Este momento continuará a lo largo del día. Las ideas pueden volver a ti en diferentes momentos. A veces, algo que dice una persona te dará una idea de la Respuesta que surgió en tu meditación. O algo que sucede puede traer la misma conciencia. Tal vez una explicación, tal vez una buena idea, tal vez un sentimiento que te ayuda en tu proceso de conocerte a ti mismo.
Me detendré aquí.
A partir de aquí depende de ti. Practica. Después, cuéntanoslo.
Sergio da Cruz
Más información sobre meditación en https://revistacafh.com.br/meditar- e-preciso-3-0/
